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Jueves, 10 de Diciembre de 2009 11:28

Diciembre 2009        
La promesa de la libertad (II)                                                           
Preámbulo                                                 

Éste es el primero de una serie de artículos en los que nos referiremos al origen y evolución de la libertad que se vincula a los derechos civiles, mediante la cita de ideas y sucesos que han sido importantes en el desarrollo de este sentimiento que, en trescientos años, instauró un nuevo orden de valores que preceptúa el espíritu del hombre occidental. Síntesis apretada porque el espacio es limitado y escrita sin mayores pretensiones, con el propósito de que sirva de punto inicial para un estudio enjundioso y de reflexión en esta hora de incertidumbre que vive nuestra agitada nación.  Reflexión, porque esa promesa, talvez sin darnos cuenta, se ha venido cumpliendo en el tiempo. Reflexión, porque la angustia que nos domina cuando pensamos que lo que más deseamos no lo obtendremos en nuestro tránsito vital, nos impide aceptar que muchas cosas no se resuelven en el tiempo del hombre sino en el tiempo de la humanidad o en el Tiempo de Dios. 

Se puede decir que la noción de la libertad nació con el hombre. Libertad ligada a su necesidad. Primitiva e incondicionada, que no reconocía la necesidad de los otros, por lo que pronto se impuso la ley del más fuerte. De allí proviene la esclavitud que durante treinta y ocho milenios sometió a pobres y a débiles, hasta que en el siglo de la Ilustración, el hombre comienza a tomar conciencia de sus derechos como ser viviente, y se inicia el combate entre la razón y la insensatez de la violencia, en un proceso con el que está comprometido desde entonces una gran parte del mundo.

La libertad no es un tema fácil.  Influida por variantes que surgen de la continua lucha que libra el yo profundo del individuo (su ética) con el ambiente en el que se desenvuelve (la moral de las instituciones o la norma, legal o espuria), parece ser cambiante al estar supeditada a las circunstancias vigentes y, sin embargo, es de permanente presencia en muchas sociedades del mundo libre, en las que se ha convertido en una insustituible forma de vida. Esto justifica, de cierta manera, que al ser el objeto de una voluminosa literatura en los últimos trescientos años, exista un sinnúmero de opiniones disímiles acerca de su significado.

Finalmente ... ¿por qué es promesa? ... Siempre habrá el riesgo de perder la libertad, o de que se sienta esa zozobra que padece un amplio sector de nuestro país, ya que los factores adversos que maneja la autocracia que lo gobierna, son tan poderosos, que nos instan a pensar que la libertad es sólo una utopía o un espejismo fomentado por la ilusión.  Este repaso demostrará cómo en la historia el hombre pudo superar situaciones harto más difíciles que las que ahora vivimos y que la lección será, que debemos aferrarnos a la fe, como el único baluarte donde la esperanza permanezca ilesa, que mientras la esperanza no se extinga, la libertad, seguirá siendo,  cercana o lejana,  una promesa!

Próxima entrega:  La libertad en la Edad Antigua.

Luis Alberto Rojas
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Referencia 1. “La cabaña del tío Tom”  de Harriet Beecher Stowe

En marzo de 1852 apareció la primera edición del famoso libro (antes publicado mediante entregas semanales en el diario National Era de Washington, DC), que ha recorrido el mundo y conmovido a sus millones de lectores por la inigualable narración de las desventuras de sus personajes, en su mayoría, negros esclavos del sur de los Estados Unidos extraídos de la vida real.  Se caracteriza el libro por su gran fuerza expresiva, que nos contagia la desesperación de esos infortunados parias del destino, cuyo único pecado fue haber nacido con la piel teñida de oscuro. De todas las vivencias relatadas, trasciende la angustia de una de las protagonistas, Eliza, reflejada en sus plegarias al Todopoderoso para que su hijo Harry no sea esclavo y no tenga que vivir el horror que ella, su marido y su familia, hubieron de sufrir.

Cuando la Sra. Stowe reavivaba en su clara prosa el calvario de sus personajes, no se imaginó que, debido a la enorme aceptación que tendrá su obra, la más representativa de su tiempo, será considerada como una de las causas de la guerra de secesión (1861/65) y de la proclamación de la emancipación de los esclavos de los estados de la Unión, el 1º de enero de 1863.  No supuso Eliza que sus súplicas al Supremo Hacedor serían escuchadas para la felicidad de futuras generaciones ni, mucho menos, que un día no tan lejano, un hombre de su color llegaría a ser Presidente de esa gran nación.


Luis Alberto Rojas
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